En la prehistoria de la vida de
algunos de nosotros, cuando aun no existían las antenas parabólicas (y menos el internet) y la TV por cable
aun estaba lejos de la llegada de MTV; el poder satisfacer nuestro apetito por
conocer cosas nuevas sobre nuestros artistas favoritos, sobre su música, su
vida y hasta los chismes de lavadero de sus horrores más escandalosos solo era
posible a través de algunas notas de los periódicos, el radio y algunas
revistas especializadas. En México, para los roqueros clavados y uno que otro villamelón, era lectura obligada en los
setentas y parte de los ochentas revistas como Piedra Rodante, Conecte,
Sonidos y hasta la Notitas
Musicales (¡) [por aquello que de presentaba lo más comercial del Rock
y el Pop de esos años]; las cuales básicamente se dedicaban a refritear notas
de otras publicaciones (principalmente la Rolling
Stone gringa y con suerte, algo
de la NME inglesa) ; aunque también
contaban con textos originales de gente metida en el medio, como José Agustín, Jose Luis Pluma, Walter
Schmidt y otros que escapan de mi mente. Finalmente, ante la casi nula
oferta en la TV comercial, el radio siempre fue el medio más importante para
difundir el material de nuestros rockstars favoritos y, aunque atrasadas, de
nuevas bandas que iban tomando cierta notoriedad.
De estas lecturas, recuerdo perfectamente los comentarios sobre Pet Sounds de la Banda de Surf californiana The Beach Boys; donde las opiniones iban de ser considerado como un disco seminal en la hisotoria del rock hasta el desdeño total por su pomposa grandilocuencia que rayaba en lo cursi y aburrido. Durante muchos años me resistí a comprar este album debido a que, francamente, los Beach Boys siempre me parecieron un grupo ñoño en la misma linea que los Monkees. Sin embargo, un día decidí satisfacer mi curiosidad sobre el porque se ha escrito tanto sobre este disco y este es el resultado de esa busqueda.
